
Brasil atraviesa una transformación religiosa que también está modificando su vida política. Aunque el catolicismo continúa siendo la principal confesión del país, las iglesias evangélicas han ampliado su presencia territorial, sus redes de comunicación y su influencia sobre una parte importante del electorado. El bolsonarismo supo construir alianzas con dirigentes religiosos que contribuyeron a movilizar votantes y convertir cuestiones morales y culturales en asuntos centrales de la competencia electoral. Pero reducir a los evangélicos a un bloque conservador sería un error: existen profundas diferencias entre iglesias, pastores y fieles. Comprenderlas resulta indispensable para explicar la polarización brasileña y sus diferencias con la tradición laica uruguaya.
Un país que cambia de religión
Durante buena parte de su historia, Brasil fue identificado como el país con mayor población católica del mundo. La Iglesia católica ocupó un lugar destacado en la educación, la asistencia social, la cultura y la vida pública.
Esa presencia continúa siendo importante, pero los datos muestran una transformación sostenida.
Según el Censo Demográfico de 2022, cuyos resultados sobre religión fueron difundidos por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) en junio de 2025, los católicos representaban el 56,7 % de la población de 10 años o más. En 2010 habían sido el 65,1 %.
En el mismo período, los evangélicos pasaron del 21,6 % al 26,9 %, mientras que quienes declararon no tener religión aumentaron del 7,9 % al 9,3 %.
En cantidades absolutas, el censo registró aproximadamente 100,2 millones de católicos y 47,4 millones de evangélicos.
Los datos permiten reconocer dos procesos simultáneos: disminuye la proporción de católicos y aumenta la presencia evangélica, pero también crece el número de personas que no se identifican con una religión.
El cambio no ocurre de manera uniforme. Las diferencias regionales, sociales y generacionales son considerables. En algunas zonas, las iglesias evangélicas han adquirido una presencia especialmente importante; en otras, el catolicismo mantiene un predominio amplio.
Estos resultados pueden consultarse en la publicación oficial del → Instituto Brasileño de Geografía y Estadística.
Qué significa ser evangélico en Brasil
El término «evangélico» no identifica a una única iglesia ni a una organización con conducción centralizada.
En Brasil comprende diferentes corrientes protestantes, incluidas iglesias históricas, pentecostales y neopentecostales.
Las iglesias protestantes históricas tienen tradiciones vinculadas con la Reforma religiosa europea y sus posteriores desarrollos. Entre ellas se encuentran comunidades bautistas, presbiterianas, luteranas y metodistas.
El pentecostalismo pone especial énfasis en la experiencia religiosa personal, la acción del Espíritu Santo, la oración y diversas prácticas comunitarias.
El neopentecostalismo, por su parte, reúne movimientos más recientes que en determinados casos incorporan una fuerte presencia mediática, estructuras empresariales y discursos asociados con la prosperidad económica.
Estas definiciones describen tendencias generales, no características obligatorias de cada comunidad.
También corresponde aclarar una confusión frecuente: los evangélicos son cristianos, al igual que los católicos. La distinción correcta es entre diferentes tradiciones del cristianismo, no entre cristianos y evangélicos.
La diversidad religiosa brasileña incluye además espiritismo, religiones de matriz africana, tradiciones indígenas, otras confesiones y personas sin afiliación religiosa.
Esa pluralidad debe ser considerada al analizar las relaciones entre religión y política.
Por qué crecieron las iglesias evangélicas
La expansión evangélica no puede explicarse exclusivamente por la política.
Durante décadas, numerosas comunidades religiosas ampliaron su presencia en barrios populares, periferias urbanas y localidades donde los servicios públicos y las organizaciones sociales tenían capacidades limitadas.
En muchos casos, las iglesias ofrecen espacios de encuentro, acompañamiento familiar, redes de ayuda, actividades para jóvenes y apoyo ante problemas cotidianos.
La proximidad entre pastores y fieles puede generar vínculos personales fuertes y una participación comunitaria frecuente.
Las transformaciones urbanas, las migraciones internas y los cambios en las estructuras familiares también contribuyeron a modificar las formas de pertenencia religiosa.
Algunas iglesias desarrollaron sistemas de comunicación propios, con programas de radio, televisión, publicaciones y, posteriormente, plataformas digitales.
Esa combinación de presencia territorial y capacidad comunicacional ayuda a comprender su crecimiento.
Sin embargo, no corresponde suponer que todas las iglesias prestan los mismos servicios ni que todas sus prácticas están exentas de controversias. Existen diferencias en organización, financiamiento, conducción y relación con sus comunidades.
Del templo a las instituciones políticas
La presencia religiosa en la política brasileña tiene antecedentes anteriores al bolsonarismo.
A medida que crecieron las comunidades evangélicas, también aumentó el número de dirigentes vinculados con ellas que participaron en elecciones y ocuparon cargos públicos.
En el Congreso Nacional se consolidaron agrupamientos parlamentarios asociados con determinadas agendas religiosas, conocidos habitualmente como bancadas evangélicas.
Estas agrupaciones no funcionan necesariamente como partidos políticos ni votan siempre de manera uniforme.
Sus integrantes pueden pertenecer a distintas organizaciones partidarias y mantener posiciones diferentes sobre economía, política social y relaciones internacionales.
Sin embargo, determinados asuntos permiten construir coincidencias: educación sexual, aborto, derechos reproductivos, modelos familiares y presencia de símbolos religiosos en espacios públicos.
En esas cuestiones, algunas organizaciones religiosas procuran trasladar sus convicciones al debate legislativo.
La participación política de personas creyentes es legítima. El problema democrático aparece cuando se pretende que una convicción religiosa particular se transforme automáticamente en una obligación para toda la sociedad, sin deliberación pública ni respeto a los derechos de quienes piensan diferente.
Cómo el bolsonarismo construyó una alianza religiosa
Jair Bolsonaro comprendió que determinadas redes evangélicas podían convertirse en un componente decisivo de su proyecto político.
Su discurso combinó conservadurismo cultural, defensa de la autoridad, referencias religiosas y una fuerte confrontación con sectores progresistas.
La identificación de adversarios políticos con amenazas a la familia, la religión o los valores tradicionales permitió movilizar temores y expectativas presentes en parte del electorado.
Algunos pastores y dirigentes religiosos participaron activamente en esa movilización. Otros mantuvieron distancia, formularon críticas o respaldaron alternativas políticas.
Una investigación académica publicada en la Revista Brasileira de Ciência Política, basada en datos de las elecciones de 2022, encontró diferencias significativas en la exposición a mensajes religiosos favorables a Bolsonaro.
Según ese estudio, las personas evangélicas tuvieron una probabilidad considerablemente mayor de recibir ese tipo de mensajes que las católicas.
El hallazgo ayuda a comprender cómo pueden operar las redes religiosas durante una campaña electoral.
Pero exposición no significa obediencia. Escuchar una recomendación política de un pastor no demuestra que el voto se haya decidido exclusivamente por esa influencia.
Las preferencias electorales también dependen de ingresos, empleo, seguridad, educación, experiencias personales, identidad partidaria y evaluación de los gobiernos.
La investigación puede consultarse en → SciELO — Lideranças religiosas e o voto em Bolsonaro em 2022.
Las iglesias no constituyen un electorado uniforme
Uno de los errores más frecuentes consiste en identificar automáticamente a todos los evangélicos con el bolsonarismo.
La diversidad interna del protestantismo brasileño impide sostener esa equivalencia.
Existen comunidades con orientaciones conservadoras, otras que priorizan la asistencia social y también organizaciones religiosas vinculadas con la defensa de los derechos humanos y la reducción de las desigualdades.
Las mujeres, que representan una mayoría entre los evangélicos según el censo, tampoco forman un bloque homogéneo.
Sus posiciones políticas pueden reflejar experiencias muy diferentes relacionadas con trabajo, cuidados familiares, educación, violencia y acceso a servicios públicos.
Del mismo modo, el catolicismo brasileño contiene tradiciones políticas diversas.
En su historia reciente convivieron sectores conservadores con movimientos comprometidos con la justicia social, la organización popular y la defensa de los derechos humanos.
Durante la dictadura militar y la transición democrática, algunas comunidades eclesiales de base y sectores católicos desempeñaron un papel importante en la organización social.
Por eso, la relación entre religión y política no puede reducirse a una confrontación simple entre dos confesiones.
Religión, comunicación y poder económico
El crecimiento de determinadas organizaciones religiosas también plantea preguntas sobre su estructura económica y comunicacional.
Algunas iglesias administran grandes templos, medios de comunicación, editoriales, instituciones educativas y otras actividades.
Esas estructuras pueden proporcionar capacidad de organización y difusión muy superior a la de comunidades pequeñas.
Pero la existencia de recursos económicos no constituye por sí misma una irregularidad.
Las cuestiones periodísticas relevantes son otras: cómo se financian las organizaciones, qué obligaciones de transparencia tienen, cómo se administran los recursos y si existen relaciones económicas o políticas que deban ser conocidas públicamente.
También importa distinguir la actividad religiosa de la utilización de instituciones confesionales como plataformas electorales.
Las reglas sobre financiamiento de campañas, propaganda y participación política deben aplicarse con criterios claros, respetando tanto la libertad religiosa como la igualdad ante la ley.
La libertad de culto incluye el derecho de las personas a organizarse y expresar sus convicciones. No implica inmunidad frente a las obligaciones legales que correspondan a cualquier organización.
Las redes sociales ampliaron el alcance del mensaje religioso
La influencia política de los dirigentes religiosos ya no depende exclusivamente de los encuentros presenciales.
Las plataformas digitales permiten difundir sermones, opiniones y mensajes electorales a públicos que no participan regularmente de una congregación.
Los contenidos pueden circular mediante grupos de mensajería, transmisiones en directo y publicaciones compartidas entre familiares y conocidos.
Esta forma de comunicación puede reforzar la confianza porque los mensajes llegan a través de personas cercanas o referentes comunitarios.
También puede facilitar la circulación de informaciones falsas o afirmaciones que mezclan interpretaciones religiosas con hechos políticos no comprobados.
El problema no es exclusivo de las iglesias. Los partidos, empresas, movimientos sociales y otros actores utilizan mecanismos semejantes.
Sin embargo, cuando un mensaje político se presenta como una obligación religiosa, puede resultar más difícil discutirlo públicamente sin que la discrepancia sea interpretada como una agresión a la fe.
La educación crítica y la verificación de información adquieren aquí una importancia especial.
Uruguay: una historia muy diferente
El contraste con Uruguay permite comprender que la relación entre religión y política no está determinada exclusivamente por las creencias de la población.
Uruguay desarrolló desde el siglo XIX un proceso de secularización institucional que separó progresivamente las funciones del Estado de las organizaciones religiosas.
La secularización de los cementerios, las transformaciones de la educación pública y la separación constitucional entre Iglesia y Estado formaron parte de ese proceso.
La Constitución uruguaya establece en su artículo 5 la libertad de cultos y dispone que el Estado no sostiene religión alguna.
La laicidad no significa prohibir la religión ni excluir a los creyentes de la vida pública.
Significa que las instituciones estatales no deben imponer una confesión y que los derechos ciudadanos no dependen de las creencias personales.
La diferencia cultural también aparece en los estudios de opinión.
El informe Latinobarómetro 2024 registró que el 52 % de los encuestados uruguayos declaró no tener religión, una proporción muy superior al promedio regional.
Por su parte, un estudio del Pew Research Center sobre la composición religiosa de América Latina estimó que, en 2020, el 52 % de la población uruguaya no tenía afiliación religiosa y el 44 % se identificaba como cristiana.
Aunque proceden de investigaciones con metodologías diferentes, ambos resultados muestran el carácter excepcionalmente secular de Uruguay dentro de América Latina.
Esos datos no deben compararse directamente con los porcentajes del censo brasileño sin considerar las diferencias de población estudiada y metodología.
El informe de Latinobarómetro puede consultarse en → Latinobarómetro 2024.
¿Puede crecer la influencia religiosa en la política uruguaya?
La tradición laica uruguaya no impide que existan organizaciones religiosas activas ni que sus integrantes participen en política.
Las iglesias, asociaciones y comunidades de distintas confesiones pueden intervenir en debates públicos, desarrollar actividades sociales y expresar posiciones sobre asuntos de interés colectivo.
La cuestión central es cómo preservar la independencia del Estado y la igualdad de derechos.
También corresponde evitar una interpretación simplista: la influencia religiosa sobre la política no se mide solamente por la cantidad de personas que asisten a los templos.
Las redes sociales, la actividad comunitaria y las alianzas entre dirigentes pueden ampliar la visibilidad pública de determinados discursos.
Sin embargo, no existen fundamentos para afirmar que Uruguay esté reproduciendo automáticamente el proceso brasileño.
Sus instituciones, su historia política y su composición religiosa presentan diferencias importantes.
La experiencia brasileña debe estudiarse para comprender posibilidades y riesgos, no para trasladar mecánicamente sus conflictos a nuestro país.
La democracia debe proteger tanto la libertad religiosa como la libertad de no creer
Una sociedad democrática necesita garantizar el derecho de cada persona a practicar una religión, cambiar de creencias o no adherir a ninguna.
También debe asegurar que nadie pierda derechos por su identidad religiosa o por su ausencia de afiliación.
Las convicciones personales pueden inspirar compromisos sociales valiosos. Numerosas organizaciones religiosas realizan tareas de asistencia, educación y acompañamiento comunitario.
Pero las políticas públicas deben fundamentarse en criterios que puedan ser discutidos por toda la ciudadanía, independientemente de sus creencias.
La igualdad de derechos, la libertad de conciencia y la protección de las minorías constituyen principios que no deberían depender de mayorías religiosas circunstanciales.
La separación entre Estado y religión protege también a las propias comunidades religiosas frente a la utilización partidaria de sus instituciones.
Cuando una iglesia queda identificada exclusivamente con un dirigente o partido, corre el riesgo de convertir su vida comunitaria en una extensión de la confrontación electoral.
Una transformación que seguirá influyendo sobre Brasil
La expansión de las iglesias evangélicas constituye uno de los cambios sociales más importantes del Brasil contemporáneo.
Su influencia política no comenzó con Jair Bolsonaro ni desaparecerá necesariamente cuando cambien los dirigentes de la derecha brasileña.
La presencia territorial, las redes de asistencia, los medios de comunicación y la participación parlamentaria han creado capacidades organizativas que probablemente continuarán formando parte de la vida pública.
Al mismo tiempo, los datos muestran que Brasil no avanza hacia una uniformidad religiosa. Disminuye la proporción de católicos, crecen los evangélicos y también aumenta el número de personas sin religión.
El futuro político dependerá de cómo interactúen esas transformaciones con las condiciones económicas, las políticas sociales, la educación y las instituciones democráticas.
Para el progresismo brasileño, comprender las preocupaciones de los sectores religiosos no debería significar renunciar a los derechos civiles ni a la separación entre Estado y confesiones.
Significa reconocer que millones de ciudadanos organizan una parte importante de su vida alrededor de comunidades de fe y que sus preocupaciones materiales, familiares y culturales merecen ser comprendidas.
Para las fuerzas conservadoras, el desafío democrático consiste en aceptar que ninguna confesión representa por sí sola a toda la sociedad y que las diferencias políticas deben resolverse mediante instituciones compartidas.
La experiencia uruguaya ofrece una referencia distinta: una tradición de laicidad que permite la convivencia de creyentes y no creyentes bajo un mismo sistema de derechos.
No se trata de presentar a un país como modelo perfecto ni de descalificar las creencias de otro.
Se trata de comprender que la libertad religiosa y la democracia pueden fortalecerse mutuamente cuando ninguna organización pretende monopolizar la representación moral de la sociedad.
En Brasil, esa relación seguirá siendo decisiva para comprender el futuro del bolsonarismo, las posibilidades del progresismo y la estabilidad de una democracia profundamente diversa.
Próximo informe: China, los BRICS y el Mercosur: cómo construir autonomía económica sin sustituir una dependencia por otra.
Fuentes principales
Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística. (2025). Censo Demográfico 2022: Religiões — resultados preliminares da amostra. → Consultar resultados oficiales.
Agência Brasil. (2025, 6 de junio). Evangélicos crescem e representam mais de um quarto da população. → Consultar análisis de los datos censales.
Revista Brasileira de Ciência Política. Lideranças religiosas e o voto em Bolsonaro em 2022. SciELO. → Consultar investigación académica.
Pew Research Center. (2025, 9 de junio). Religion in Latin America and the Caribbean. → Consultar estudio regional.
Pew Research Center. (2014). Religion in Latin America. → Consultar antecedentes sobre Uruguay y la laicidad.
Corporación Latinobarómetro. (2024). Informe Latinobarómetro 2024. → Consultar informe regional.
ICI Plus | Investigación y análisis editorial
Serie especial: Brasil y el futuro de América del Sur
Informe 7 de 9 | Octubre de 2026
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