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La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva, después de una primera vuelta que parecía anunciar su derrota, mostró la capacidad de movilización de una parte importante de la sociedad brasileña. Pero los casi 60 millones de votos obtenidos por Flávio Bolsonaro revelan algo igualmente significativo: el bolsonarismo no es un fenómeno pasajero ni desaparecerá por haber perdido la Presidencia. Brasil continúa dividido entre proyectos políticos que expresan diferentes visiones sobre la economía, el Estado, la democracia y su lugar en el mundo. Comprender esa confrontación es indispensable para evaluar lo que está en juego en el futuro de América del Sur.
Una elección que parecía perdida
El 4 de octubre de 2026, Luiz Inácio Lula da Silva recibió una advertencia política de enorme magnitud. El candidato del Partido Liberal, Flávio Bolsonaro, había obtenido el 47,03 % de los votos válidos en la primera vuelta presidencial, frente al 45,16 % del mandatario.
La diferencia sorprendió a quienes esperaban una ventaja oficialista y confirmó que el movimiento político fundado alrededor de Jair Bolsonaro conservaba una capacidad electoral considerable, aun después de la condena del expresidente por su participación en la tentativa de ruptura institucional posterior a las elecciones de 2022.
Tres semanas después, el resultado cambió. Lula consiguió 64.256.232 votos, el 51,79 % de los sufragios válidos, frente a los 59.826.041 votos de Flávio Bolsonaro, equivalentes al 48,21 %.
La diferencia fue de 4.430.191 votos, de acuerdo con el → Tribunal Superior Electoral de Brasil.
Por primera vez en la historia de las elecciones presidenciales brasileñas con segunda vuelta, el candidato que había terminado detrás en la primera consiguió imponerse en la instancia decisiva.
La participación también aumentó. Más de 128 millones de brasileños concurrieron a las urnas y la abstención descendió desde el 21,08 % registrado en la primera vuelta hasta aproximadamente el 19,2 %.
La remontada fue importante, pero no debería interpretarse como una transformación repentina de las convicciones políticas de millones de ciudadanos. El resultado surgió de una combinación de movilización, incorporación de nuevos votantes, transferencia de apoyos de otras candidaturas y decisiones individuales que requieren estudios posteriores para comprenderse completamente.
La pregunta que deja esta elección es doble: cómo consiguió Lula recuperar la iniciativa y por qué el bolsonarismo estuvo tan cerca de regresar al gobierno.
El bolsonarismo es mucho más que una familia
La candidatura de Flávio Bolsonaro permitió comprobar que el movimiento encabezado originalmente por su padre adquirió una presencia propia dentro de la sociedad brasileña.
El bolsonarismo reúne sectores conservadores, dirigentes empresariales, organizaciones religiosas, grupos vinculados al agronegocio, defensores de políticas de seguridad más severas y ciudadanos que desconfían de los partidos y de las instituciones tradicionales.
No constituye un bloque uniforme. Sus integrantes pueden compartir una identidad política general y, al mismo tiempo, tener intereses económicos y sociales muy diferentes.
Una parte de sus votantes pertenece a sectores de ingresos elevados. Otra está integrada por trabajadores, pequeños comerciantes y familias que enfrentan dificultades económicas y consideran insuficientes las respuestas del Estado.
La identificación de todos esos ciudadanos con una misma corriente política no puede explicarse exclusivamente por la propaganda, la desinformación o el rechazo a la izquierda.
También intervienen experiencias cotidianas, valores culturales, percepciones sobre la inseguridad y expectativas de progreso.
La fortaleza electoral de Flávio Bolsonaro demuestra que la derecha brasileña consiguió construir una identidad política duradera, capaz de sobrevivir a las derrotas electorales y a los problemas judiciales de sus principales dirigentes.
Para los sectores progresistas, desconocer esa realidad sería un error. La defensa de la democracia necesita comprender por qué millones de personas encuentran respuestas, pertenencia o expectativas en propuestas conservadoras.
La economía cotidiana y los límites del discurso gubernamental
Durante la campaña, Lula defendió los resultados económicos y sociales de su gobierno, además de destacar la importancia de preservar la soberanía brasileña frente a las presiones internacionales.
Sin embargo, distintos analistas señalaron que una parte de la población esperaba respuestas más inmediatas sobre cuestiones como la inseguridad, el endeudamiento familiar, el precio de los alimentos y las dificultades para mejorar sus ingresos.
En un análisis publicado después de la primera vuelta, el diario británico → The Guardian recogió opiniones de especialistas que cuestionaron la capacidad inicial de la campaña oficialista para conectar sus argumentos generales con esas preocupaciones concretas.
El problema tiene una dimensión que excede a Brasil.
Los gobiernos pueden presentar indicadores macroeconómicos favorables y, sin embargo, encontrar ciudadanos que no perciben mejoras suficientes en su vida diaria.
El crecimiento del producto, las exportaciones o la inversión no se distribuye automáticamente entre todos los sectores sociales ni entre todas las regiones.
Una economía puede crecer mientras determinados trabajadores mantienen dificultades para acceder a vivienda, transporte, servicios de calidad o empleos estables.
Cuando esas diferencias no reciben respuestas adecuadas, se abre un espacio político que puede ser aprovechado por fuerzas que prometen soluciones rápidas y presentan a las instituciones existentes como responsables de todos los problemas.
La lección es importante para cualquier proyecto progresista: la defensa de principios democráticos y de objetivos nacionales de largo plazo necesita acompañarse de políticas capaces de producir mejoras perceptibles en la vida cotidiana.
Seguridad pública: una preocupación que la izquierda no puede ignorar
La inseguridad ocupó un lugar relevante en la campaña brasileña.
El crecimiento y la presencia territorial de organizaciones criminales, la violencia urbana y el temor de amplios sectores de la población contribuyeron a fortalecer propuestas que prometen respuestas policiales y penales más severas.
El bolsonarismo ha construido parte de su identidad alrededor de una concepción de seguridad que privilegia el endurecimiento de las penas y la ampliación de las facultades represivas.
Ese enfoque puede resultar atractivo para quienes sufren directamente la violencia o consideran que el Estado ha perdido capacidad para protegerlos.
Sin embargo, las políticas de seguridad deben evaluarse por sus resultados y por su compatibilidad con el Estado de derecho.
La reducción del delito requiere instituciones eficaces, investigación criminal, coordinación territorial y políticas preventivas, además de mecanismos de control que impidan abusos.
No existe una contradicción necesaria entre defender los derechos humanos y exigir que el Estado garantice la seguridad de la población.
La dificultad aparece cuando la discusión pública presenta ambas necesidades como incompatibles.
Para los proyectos progresistas, ofrecer respuestas creíbles a la inseguridad es indispensable si pretenden representar a sectores populares que son, con frecuencia, los más expuestos a sus consecuencias.
La dimensión religiosa: una influencia que merece un análisis propio
La religión también tuvo una presencia importante en la confrontación electoral, especialmente por el respaldo que Flávio Bolsonaro obtuvo entre sectores evangélicos.
Una encuesta de Datafolha publicada el 22 de octubre registró una ventaja de Bolsonaro entre los electores evangélicos, mientras Lula encabezaba las preferencias entre los católicos.
Estas diferencias no significan que existan dos comunidades religiosas políticamente uniformes. Los evangélicos también son cristianos, y tanto dentro del catolicismo como de las iglesias evangélicas conviven distintas posiciones sociales y políticas.
Lo relevante es que determinadas organizaciones y dirigentes religiosos han adquirido una influencia electoral considerable.
Para una sociedad como la uruguaya, marcada por una tradición histórica de laicidad estatal, esa relación entre pertenencia religiosa, orientación política y movilización electoral puede resultar difícil de comprender.
Pero su explicación exige investigar la historia de las iglesias brasileñas, su presencia territorial, sus redes de asistencia social, sus medios de comunicación y su relación con las transformaciones económicas y culturales.
La cuestión merece un informe específico dentro de esta serie, porque ayuda a comprender no solamente la política brasileña, sino también el crecimiento de movimientos conservadores en otros países latinoamericanos.
La movilización que modificó el resultado
Después de la primera vuelta, el oficialismo enfrentó una tarea compleja: recuperar la iniciativa política en apenas tres semanas.
La reacción involucró a organizaciones sindicales, movimientos sociales, estudiantes, militantes territoriales y ciudadanos preocupados por las consecuencias de una victoria bolsonarista.
También se modificaron aspectos de la comunicación electoral. La campaña procuró llegar a públicos que no se identificaban necesariamente con las estructuras tradicionales del Partido de los Trabajadores.
Las redes sociales y los formatos audiovisuales breves adquirieron importancia en una disputa donde la derecha había demostrado capacidad para instalar mensajes, construir comunidades digitales y movilizar simpatizantes.
Sin embargo, sería equivocado atribuir la victoria a una estrategia comunicacional aislada.
La campaña digital pudo ampliar el alcance de determinados mensajes, pero su eficacia dependió también de la organización social, las preocupaciones económicas y las decisiones de millones de votantes.
El episodio de los nueve dedos de Lula, analizado por Pablo Stefanoni después de la elección, mostró cómo una experiencia personal vinculada al trabajo podía convertirse en un símbolo político de alcance nacional.
El antiguo obrero metalúrgico consiguió recordar su trayectoria social en un momento en que la campaña necesitaba recuperar vínculos con sectores populares.
Ese símbolo no explica por sí mismo el resultado, pero permite comprender la importancia de las identidades sociales dentro de la disputa política.
La disputa por los trabajadores y las nuevas generaciones
Uno de los desafíos más importantes para el Partido de los Trabajadores es que la condición de trabajador ya no determina automáticamente una identificación política con la izquierda.
Las transformaciones del empleo, la expansión del trabajo por cuenta propia, las plataformas digitales y las nuevas formas de organización económica modificaron las experiencias laborales de millones de personas.
Un trabajador asalariado, un pequeño comerciante, un repartidor de aplicaciones o un productor rural pueden compartir dificultades económicas, pero interpretarlas desde perspectivas políticas muy diferentes.
Las organizaciones progresistas necesitan comprender esas transformaciones si pretenden representar a una sociedad que ya no tiene la misma estructura laboral que conoció Lula cuando comenzó su actividad sindical.
La situación de los jóvenes plantea un desafío adicional.
El acceso a la educación, el primer empleo, la vivienda y las perspectivas de movilidad social condicionan profundamente sus expectativas sobre el futuro.
Las campañas pueden conquistar atención mediante herramientas digitales, pero la construcción de confianza duradera depende de ofrecer oportunidades reales.
En ese sentido, la educación pública de calidad, la formación científica y tecnológica, el desarrollo cultural y la creación de empleos calificados constituyen también políticas fundamentales para la estabilidad democrática.
Dos concepciones de Brasil en el mundo
Las diferencias entre Lula y el bolsonarismo también se proyectan sobre las relaciones internacionales.
Lula ha defendido una política exterior que busca diversificar las relaciones comerciales y diplomáticas de Brasil, mantener vínculos con diferentes centros de poder y participar activamente en mecanismos como los BRICS y el Mercosur.
El bolsonarismo ha mostrado una afinidad política más estrecha con Donald Trump y con otras corrientes conservadoras internacionales.
Esa diferencia resulta particularmente importante en un escenario marcado por la competencia económica, tecnológica y estratégica entre Estados Unidos y China.
Brasil necesita comerciar, atraer inversiones, incorporar tecnología y negociar con distintas potencias. Su autonomía depende de conservar capacidad para defender intereses propios cuando estos no coinciden con los de sus socios internacionales.
La independencia política no significa aislamiento económico ni rechazo a la inversión extranjera.
Por el contrario, una estrategia de desarrollo requiere relaciones amplias y previsibles, pero también políticas que permitan fortalecer capacidades nacionales y evitar dependencias excesivas.
La cuestión central es si Brasil podrá utilizar su peso económico y diplomático para contribuir a una inserción internacional más autónoma de toda América del Sur.
La advertencia de Álvaro Padrón desde Uruguay
El significado regional de la elección fue abordado por Álvaro Padrón, asesor presidencial en integración regional y secretario ejecutivo del Centro de Formación para la Integración Regional.
En una entrevista realizada el 26 de octubre en el programa La Escucha, de los → Medios Públicos de Uruguay, Padrón sostuvo que la continuidad de Lula evitó una alteración del equilibrio geopolítico que podía perjudicar a Brasil y a sus vecinos.
Su interpretación coloca la discusión en un terreno especialmente importante para Uruguay: la necesidad de mantener relaciones económicas diversificadas y preservar capacidad de decisión frente a las grandes potencias.
Uruguay depende de mercados internacionales para colocar una parte significativa de su producción y necesita inversiones, tecnología y vínculos comerciales con diferentes países.
Pero también necesita conservar margen para definir sus prioridades de desarrollo.
En esa perspectiva, la continuidad de un Brasil comprometido con la integración regional constituye una oportunidad para ampliar la cooperación y fortalecer la capacidad negociadora sudamericana.
Padrón también subrayó la importancia económica del Mercosur, particularmente para la industria brasileña.
La integración regional puede favorecer la creación de cadenas productivas, proyectos de infraestructura y oportunidades de cooperación científica y tecnológica.
Sin embargo, esas posibilidades no se concretan automáticamente. Requieren acuerdos entre países con economías de diferente tamaño y, en ocasiones, intereses comerciales contrapuestos.
Para Uruguay, participar activamente en ese proceso implica defender sus intereses nacionales y procurar que la integración contribuya a generar trabajo, conocimiento y producción de mayor valor agregado.
Una democracia que debe convivir con una oposición poderosa
La reelección de Lula no le otorga un poder político ilimitado.
El Congreso brasileño conserva una importante presencia conservadora y el nuevo mandato deberá negociar con sectores que no comparten buena parte de sus prioridades.
La derrota presidencial tampoco eliminó las estructuras partidarias, sociales y comunicacionales que sostienen al bolsonarismo.
El 27 de octubre, la dirección del Partido Liberal reconoció el resultado certificado por la Justicia Electoral, mientras Flávio Bolsonaro mantuvo sus cuestionamientos y manifestó su intención de continuar la disputa política desde la oposición.
El reconocimiento institucional de los resultados y el derecho a ejercer una oposición democrática constituyen elementos esenciales del sistema político.
Las diferencias deben procesarse mediante las instituciones y las garantías establecidas, sin desconocer la legitimidad de la voluntad popular.
Lula enfrentará, por tanto, una doble responsabilidad: impulsar su programa y contribuir a preservar un marco institucional donde las disputas puedan resolverse democráticamente.
La estabilidad dependerá también de la capacidad del gobierno para responder a problemas sociales y económicos que no desaparecieron con el resultado electoral.
La verdadera disputa comienza después de las elecciones
La victoria de Lula evitó un cambio de orientación política que podía tener consecuencias profundas para la integración y la autonomía sudamericanas.
Pero la elección también dejó una advertencia: casi la mitad de los votos válidos respaldaron una alternativa conservadora que conserva una presencia social importante.
No alcanza con considerar al bolsonarismo una amenaza. Es necesario comprender las razones de su crecimiento y las condiciones que permiten su permanencia.
Tampoco alcanza con defender la continuidad de un gobierno progresista. Sus resultados deberán evaluarse por su capacidad para mejorar la vida de las personas, fortalecer las instituciones y ampliar las oportunidades de desarrollo.
La democracia necesita crecimiento económico, pero también necesita que ese crecimiento se traduzca en bienestar colectivo.
Requiere inversión pública y privada, empresas productivas, empleo digno, servicios eficientes, educación de excelencia y políticas capaces de reducir desigualdades.
Y necesita preservar la autonomía necesaria para que las decisiones estratégicas respondan a los intereses de la sociedad y no exclusivamente a presiones externas.
La elección brasileña permitió evitar un escenario potencialmente muy perjudicial para América del Sur. Pero la posibilidad de construir una región más integrada y soberana continúa siendo una tarea pendiente.
El verdadero desafío del nuevo mandato de Lula será demostrar que la democracia puede ofrecer respuestas a las preocupaciones que alimentan la polarización y, al mismo tiempo, abrir perspectivas de desarrollo para las próximas generaciones.
La región conservó una oportunidad histórica. Su aprovechamiento dependerá de lo que Brasil y sus vecinos sean capaces de construir durante los próximos años.
Próximo informe: Brasil y la disputa por la soberanía nacional: las presiones de las grandes potencias y la necesidad de preservar autonomía política, económica y tecnológica.
Video relacionado
Álvaro Padrón analiza las consecuencias de la elección brasileña para la autonomía regional y el Mercosur. Entrevista del programa La Escucha, Medios Públicos de Uruguay, 26 de octubre de 2026.
→ Ver entrevista a Álvaro Padrón.
Fuentes principales
Tribunal Superior Electoral de Brasil. (2026, 26 de octubre). Presidente do TSE anuncia reeleição de Lula e faz balanço do 2º turno das Eleições 2026. → Resultados oficiales.
Cámara de Diputados de Brasil. (2026, 25 de octubre). Lula é reeleito presidente com quase 52% dos votos válidos no 2º turno. → Información parlamentaria.
Phillips, T. (2026, 5 de octubre). Far right on the march and Lula's failures: key drivers of Flávio Bolsonaro's Brazil surge. The Guardian. → Análisis de la primera vuelta.
Folha de S.Paulo. (2026, 22 de octubre). Datafolha: Veja intenção de voto em Lula e Flávio Bolsonaro por gênero, idade, renda e religião. → Encuesta y perfiles electorales.
Medios Públicos de Uruguay. (2026, 26 de octubre). Lula evitó la ruptura de un equilibrio geopolítico, afirmó Álvaro Padrón. → Entrevista y análisis regional.
Anadolu Agency. (2026, 27 de octubre). Brazil's Liberal Party accepts runoff results despite Flavio Bolsonaro's call for annulment. → Situación política posterior a la elección.
ICI Plus | Investigación y análisis editorial
Serie especial: Brasil y el futuro de América del Sur
Informe 2 de 15 | Octubre de 2026
Fotografía: pendiente de seleccionar y acreditar en su versión definitiva.
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