
China se convirtió en un socio económico fundamental de Brasil y Uruguay, mientras los BRICS buscan ampliar la participación de las economías emergentes en las decisiones internacionales. Este escenario ofrece oportunidades comerciales, financieras y tecnológicas para América del Sur, pero también plantea una contradicción: vender más materias primas no garantiza una economía más desarrollada. La verdadera autonomía exige transformar recursos naturales en conocimiento, industria y empleo calificado. Para Brasil, Uruguay y el Mercosur, el desafío consiste en ampliar sus relaciones internacionales sin sustituir una dependencia histórica por otra.
Un mundo que ya no tiene un único centro económico
Durante buena parte del siglo XX, las relaciones económicas internacionales estuvieron organizadas alrededor de Estados Unidos y Europa occidental. Su influencia financiera, tecnológica, industrial y política condicionó las posibilidades de desarrollo de numerosos países.
El crecimiento de China modificó profundamente esa estructura. En pocas décadas, el país asiático se convirtió en una potencia industrial, tecnológica y comercial, con una presencia creciente en América Latina, África y otras regiones.
Para América del Sur, esa transformación significó la aparición de un comprador de enorme escala para productos agropecuarios, minerales y energía, pero también de un proveedor competitivo de maquinaria, vehículos, equipos electrónicos y bienes industriales.
El cambio amplió las opciones comerciales de los países sudamericanos. Sin embargo, disponer de más compradores no equivale necesariamente a controlar mejor el propio destino económico.
La pregunta central es qué producen nuestras economías, qué conocimientos incorporan y cuánto valor retienen de las cadenas internacionales.
Brasil y China: una relación comercial de enorme magnitud
China es el principal destino de las exportaciones brasileñas. Según el informe de 2026 del → Fondo Monetario Internacional, recibió aproximadamente el 30 % de las ventas externas de Brasil en 2025.
El crecimiento de esta relación permitió expandir la producción agropecuaria y minera brasileña, generar divisas y fortalecer determinados sectores exportadores.
Pero también consolidó una estructura comercial concentrada en productos primarios.
La soja ocupa un lugar particularmente importante. El FMI señala que China absorbe aproximadamente tres cuartas partes de las exportaciones brasileñas de ese cultivo.
El petróleo y el mineral de hierro también tienen un peso considerable en la relación bilateral.
En sentido contrario, Brasil importa desde China una amplia variedad de manufacturas, equipos industriales y productos tecnológicos.
El problema no es exportar soja, petróleo o minerales. Son actividades productivas legítimas, generadoras de ingresos, empleo e inversiones.
La dificultad aparece cuando una economía concentra su especialización internacional en productos relativamente poco elaborados y depende de proveedores externos para incorporar tecnología y bienes de mayor complejidad.
El crecimiento exportador puede coexistir con una pérdida de capacidades industriales. Por eso, el volumen comercial debe analizarse junto con la calidad del desarrollo productivo.
La paradoja brasileña: exportar más y fabricar relativamente menos
El análisis del FMI identifica una transformación significativa en la estructura comercial de Brasil.
Los productos agropecuarios representan más del 40 % de sus exportaciones de bienes, mientras que las manufacturas han reducido su participación a menos del 30 % en los últimos años.
Al mismo tiempo, los bienes manufacturados constituyen más del 80 % de las importaciones brasileñas.
Estos porcentajes no significan que Brasil haya dejado de ser un país industrial. Continúa contando con importantes capacidades en automotores, aeronáutica, alimentos, maquinaria, química, energía y otros sectores.
Lo que muestran es una tendencia preocupante: la inserción internacional se concentra cada vez más en recursos naturales, mientras la competencia industrial externa aumenta.
Un estudio académico publicado en Review of International Studies, de Cambridge University Press, plantea precisamente esta contradicción.
Sus autores sostienen que la aproximación de Brasil a China estuvo asociada con expectativas de mayor autonomía, progreso tecnológico y desarrollo industrial, pero que los resultados no siempre acompañaron esos objetivos.
Se trata de una interpretación académica que merece discusión, no de una conclusión incuestionable. El crecimiento chino también abrió oportunidades para empresas brasileñas y para nuevas inversiones.
Sin embargo, la advertencia resulta pertinente: una política exterior orientada a reducir dependencias debe evaluar sus resultados productivos, no solamente sus afinidades diplomáticas.
Los BRICS: una oportunidad para ampliar la capacidad de negociación
Brasil integra los BRICS, un espacio de cooperación internacional surgido alrededor de Brasil, Rusia, India y China, al que posteriormente se incorporó Sudáfrica y que amplió su composición durante los últimos años.
El agrupamiento reúne economías de características muy diferentes. Algunas son grandes potencias industriales; otras tienen una fuerte especialización energética, agropecuaria o minera.
Sus integrantes tampoco comparten necesariamente los mismos sistemas políticos, intereses estratégicos ni posiciones frente a todos los conflictos internacionales.
Los BRICS no constituyen una unión económica comparable al Mercosur ni un mercado común con una política comercial única.
Su importancia reside principalmente en la coordinación diplomática, la cooperación económica y la búsqueda de mayor participación en las instituciones internacionales.
Desde una perspectiva sudamericana, la posibilidad de negociar con distintos centros de poder puede contribuir a reducir vulnerabilidades.
Pero esa posibilidad solamente se convierte en autonomía real cuando los países desarrollan capacidades propias para producir, investigar, financiar proyectos y defender sus intereses.
La multipolaridad ofrece un escenario más amplio de negociación. No garantiza, por sí sola, relaciones económicas equilibradas.
El Nuevo Banco de Desarrollo y la necesidad de financiar infraestructura
Una de las instituciones creadas por los BRICS es el → Nuevo Banco de Desarrollo, conocido por su sigla en inglés NDB.
Su objetivo es contribuir al financiamiento de infraestructura y proyectos de desarrollo sostenible en economías emergentes y países en desarrollo.
Para América del Sur, contar con alternativas de financiamiento puede resultar especialmente importante en transporte ferroviario, puertos, energía, saneamiento y redes eléctricas.
Sin embargo, ningún préstamo debe evaluarse únicamente por el origen de los recursos.
Importan las tasas de interés, los plazos, las garantías, los riesgos cambiarios, las condiciones contractuales y la contribución efectiva del proyecto al desarrollo nacional.
También resulta fundamental determinar qué proporción de la inversión se traduce en trabajo local, proveedores nacionales y transferencia de conocimientos.
Un proyecto financiado desde China, Europa, Estados Unidos o un organismo multilateral debe ser examinado con el mismo rigor.
La soberanía no consiste en rechazar financiamiento externo, sino en utilizarlo de manera transparente y compatible con una estrategia nacional de desarrollo.
Uruguay: China compra materias primas, Brasil integra cadenas productivas
Para Uruguay, la discusión tiene consecuencias inmediatas.
Según el informe anual de comercio exterior de → Uruguay XXI, China fue el principal destino de las exportaciones uruguayas de bienes durante 2025.
Las ventas alcanzaron aproximadamente 3.490 millones de dólares y representaron el 26 % del total exportado.
La soja explicó alrededor del 35 % del valor vendido a ese mercado, seguida por la celulosa, con aproximadamente el 30 %.
La carne vacuna también tuvo una participación relevante, con exportaciones cercanas a 724 millones de dólares.
Estos sectores son importantes para la economía nacional. La producción agropecuaria, forestal e industrial asociada sostiene empleo, inversiones, transporte y actividad en numerosas localidades del interior.
No obstante, la concentración exportadora exige preguntarse cómo ampliar el valor agregado nacional.
Brasil presenta una relación comercial diferente con Uruguay.
En 2025 fue el segundo destino de las exportaciones uruguayas de bienes, con ventas próximas a 1.960 millones de dólares.
A diferencia de China, la canasta destinada a Brasil incorpora una participación relevante de vehículos, lácteos, malta, plásticos y otros productos industriales.
Los vehículos representaron aproximadamente el 15 % de las exportaciones uruguayas hacia el mercado brasileño.
Esta diferencia resulta estratégica.
China es fundamental como mercado para productos agroindustriales y materias primas. Brasil, además de comprador, constituye un socio de cadenas productivas regionales.
Por eso, la relación con China y la integración con Brasil no deberían presentarse como alternativas excluyentes.
Uruguay necesita ambas, pero con objetivos complementarios.
El Mercosur y la posibilidad de negociar con China
La discusión sobre un eventual acuerdo comercial entre el → Mercosur y China adquirió nuevo impulso durante 2026.
En febrero, Reuters informó que autoridades brasileñas estaban considerando la posibilidad de promover un acuerdo comercial parcial con China.
La información representó un cambio significativo respecto de las reservas que Brasil había mantenido durante años ante la perspectiva de abrir su mercado industrial a una competencia más intensa de productos chinos.
El asunto también estuvo presente durante los contactos diplomáticos entre Uruguay y China.
Pero es necesario distinguir las conversaciones exploratorias de una negociación formal y, más todavía, de un acuerdo concluido.
Un entendimiento comercial puede ampliar oportunidades exportadoras, reducir barreras y facilitar inversiones.
Al mismo tiempo, puede afectar sectores industriales sensibles si las condiciones de apertura no contemplan las diferencias de escala, productividad y capacidad tecnológica.
Por eso, un eventual acuerdo debería incluir evaluaciones sectoriales, plazos adecuados y mecanismos compatibles con las normas internacionales para acompañar la adaptación productiva.
La negociación conjunta también podría fortalecer la posición de los países sudamericanos frente a un socio de gran dimensión.
Sin embargo, esa ventaja dependerá de la capacidad del Mercosur para construir posiciones compartidas.
La industria regional no puede quedar fuera de la estrategia
Durante décadas, los países sudamericanos discutieron la necesidad de industrializar sus economías y reducir la dependencia de las exportaciones primarias.
Esa preocupación continúa vigente, aunque las tecnologías y los mercados hayan cambiado.
Brasil dispone de una escala industrial que Uruguay no puede reproducir. Pero Uruguay puede integrarse a cadenas regionales mediante componentes, servicios especializados, software, logística, investigación y manufacturas de calidad.
La cooperación regional también puede fortalecer actividades vinculadas con energías renovables, movilidad eléctrica, industria farmacéutica, maquinaria agrícola y tecnologías aplicadas a la producción.
En estos sectores, la competencia internacional exige capacidades que no se construyen únicamente mediante reducción de aranceles.
Se necesitan formación técnica, universidades, investigación, financiamiento, infraestructura y políticas públicas sostenidas.
La inversión privada es indispensable para transformar esas capacidades en actividad económica.
Pero también resulta necesaria una orientación pública que permita coordinar proyectos, reducir incertidumbres y promover resultados sociales y territoriales.
La integración regional debería medirse, entre otros indicadores, por la cantidad de empresas que participan en cadenas de valor compartidas y por los empleos calificados que esas actividades generan.
La transición energética ofrece una oportunidad diferente
América del Sur dispone de recursos importantes para participar en la transformación energética internacional.
Brasil cuenta con una matriz eléctrica de fuerte participación renovable y una industria energética diversificada. Uruguay desarrolló una transformación significativa de su generación eléctrica, con amplia presencia de fuentes renovables.
La expansión de la movilidad eléctrica, las redes inteligentes, el almacenamiento energético y las nuevas industrias vinculadas con la descarbonización abre oportunidades de inversión.
China es uno de los principales fabricantes mundiales de vehículos eléctricos, baterías y equipamiento para energías renovables.
La cooperación con empresas chinas puede acelerar la incorporación de tecnologías y reducir determinados costos.
Pero el desafío sudamericano consiste en evitar que la transición energética se limite a sustituir equipos importados de un origen por equipos importados de otro.
La región necesita desarrollar mantenimiento especializado, ingeniería, fabricación de componentes, integración de sistemas y capacidades de investigación.
Los acuerdos de inversión deberían procurar, cuando sea técnica y jurídicamente viable, formación de trabajadores, participación de proveedores locales y transferencia de conocimientos.
La energía limpia puede ser una ventaja competitiva para atraer nuevas industrias, siempre que se acompañe de infraestructura, reglas estables y capital humano.
Los puertos y la logística forman parte de la soberanía productiva
El crecimiento del comercio entre China y América del Sur también está modificando las necesidades logísticas de la región.
Los puertos, corredores ferroviarios, carreteras, hidrovías y centros de distribución adquieren importancia creciente.
Las inversiones en infraestructura pueden mejorar la competitividad exportadora y facilitar la integración territorial.
Sin embargo, las decisiones deben considerar algo más que la capacidad de transportar materias primas hacia los mercados internacionales.
Una infraestructura estratégica debería contribuir también al movimiento de productos industriales, al abastecimiento interno y a la integración entre regiones productivas.
Para Uruguay, el sistema portuario de Montevideo, Nueva Palmira y otras terminales puede desempeñar un papel relevante en la conexión del interior sudamericano con el comercio mundial.
La hidrovía Paraguay-Paraná representa otra oportunidad para fortalecer servicios logísticos y vínculos económicos regionales.
Pero el valor de esas inversiones dependerá de su articulación con una política productiva más amplia.
Un país puede convertirse en un corredor eficiente de mercancías y, aun así, capturar una proporción limitada del valor económico si no desarrolla servicios, tecnología y actividades complementarias.
Ni subordinación a Washington ni dependencia de Pekín
Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China colocan a numerosos países ante presiones diplomáticas y económicas.
Brasil ha procurado ampliar sus relaciones internacionales y reducir su exposición a decisiones unilaterales de las grandes potencias.
Esa orientación responde a una tradición de política exterior que busca preservar márgenes de decisión propios.
La autonomía, sin embargo, no debería confundirse con una obligación de elegir permanentemente entre Washington y Pekín.
América del Sur necesita mantener relaciones comerciales, científicas y diplomáticas con ambos países, así como con Europa, India, África y otros mercados.
Las alianzas pueden variar según los proyectos y los intereses nacionales.
Una política exterior independiente requiere criterios estables: respeto al derecho internacional, defensa de la soberanía, cooperación económica y protección de los derechos humanos.
También exige evitar la aplicación selectiva de esos principios según la potencia involucrada.
Las relaciones con China deben evaluarse con el mismo rigor que las relaciones con Estados Unidos o cualquier otro socio relevante.
El objetivo no debería ser reemplazar una influencia dominante por otra, sino construir capacidad de negociación frente a todas.
El desafío de Lula y de los próximos gobiernos brasileños
La política internacional de Brasil tiene consecuencias para toda América del Sur.
Por su dimensión territorial, demográfica, industrial y económica, Brasil influye sobre las oportunidades de integración de sus vecinos.
Una estrategia brasileña orientada a fortalecer su industria, ampliar la investigación y diversificar sus relaciones comerciales puede abrir espacios para proyectos regionales.
En cambio, una economía brasileña cada vez más concentrada en exportaciones primarias puede reducir las oportunidades de integración manufacturera.
El desafío trasciende a un presidente o a una elección.
Requiere políticas de largo plazo capaces de sobrevivir a los cambios de gobierno y de combinar estabilidad económica con transformación productiva.
La educación, la investigación científica, la infraestructura y la calidad institucional son componentes esenciales de esa continuidad.
También lo es la participación de trabajadores, universidades, empresas y gobiernos territoriales en la construcción de estrategias de desarrollo.
Uruguay necesita una estrategia propia dentro de la región
Uruguay no puede definir su futuro económico únicamente a partir de las decisiones de Brasil, China o Estados Unidos.
Su escala exige una inserción internacional abierta, pero también una especialización productiva inteligente.
El país dispone de capacidades en agroindustria, forestación, celulosa, servicios globales, software, energías renovables y logística.
El objetivo debería ser profundizar esas fortalezas y construir nuevas actividades vinculadas con conocimiento, tecnología y empleo de calidad.
La integración con Brasil puede aportar escala de mercado y oportunidades industriales.
La relación con China puede facilitar exportaciones, inversiones y acceso a equipamiento.
Los vínculos con Europa y Estados Unidos también pueden contribuir a la diversificación comercial, científica y tecnológica.
Ninguno de esos caminos debería excluir a los demás.
Pero para aprovecharlos se necesitan prioridades nacionales claras, instituciones competentes y mecanismos de evaluación que permitan corregir políticas cuando los resultados no sean los esperados.
La verdadera autonomía se construye produciendo conocimiento
La transformación del orden internacional ofrece a América del Sur oportunidades que no existían con la misma amplitud hace algunas décadas.
China amplió los mercados disponibles para nuestras exportaciones. Los BRICS ofrecen nuevos espacios de cooperación. El Mercosur conserva capacidades productivas que pueden servir de base para una integración más profunda.
Sin embargo, ninguna de esas herramientas reemplaza la necesidad de construir un proyecto propio.
La soberanía económica no se mide solamente por la cantidad de acuerdos comerciales firmados ni por el origen de las inversiones recibidas.
Se expresa en la capacidad de decidir, producir, investigar, educar y distribuir los beneficios del crecimiento.
Una América del Sur que exporta alimentos, energía y minerales tiene un papel importante en la economía mundial.
Una América del Sur que además desarrolla tecnología, fabrica bienes complejos y forma trabajadores altamente calificados puede ocupar un lugar mucho más sólido.
El desafío no consiste en elegir entre China y Estados Unidos.
Consiste en construir sociedades capaces de relacionarse con ambos desde una posición de mayor autonomía.
Para Brasil y Uruguay, esa es la diferencia entre participar del crecimiento de otras potencias y convertir las oportunidades internacionales en desarrollo propio.
Próximo y último informe: Después de Lula: democracia, producción y soberanía para el futuro de América del Sur.
Fuentes principales
Fondo Monetario Internacional. (2026). Brazil: 2026 Article IV Consultation — Staff Report. → Consultar informe.
Uruguay XXI. (2026). Informe anual de comercio exterior 2025. → Consultar organismo y publicaciones.
Centro Brasileiro de Relações Internacionais. (2026). Relatório Trimestral de Comércio Internacional do Brasil. → Consultar centro de estudios.
Reuters. (2026, 6 de febrero). Brazil signals new openness to Mercosur-China talks as Beijing seeks deeper ties. → Consultar cobertura.
Review of International Studies. (2025). Outsourcing anti-dependency: Brazil’s fraught embedded-autonomy approach to China. Cambridge University Press. → Consultar estudio académico.
New Development Bank. (s. f.). Información institucional y proyectos. → Consultar organismo.
ICI Plus | Investigación y análisis editorial
Serie especial: Brasil y el futuro de América del Sur
Informe 8 de 9 | 29 de octubre de 2026
Ilustración editorial generada digitalmente para ICI Plus. Representación conceptual de un puerto internacional y de las cadenas logísticas del comercio mundial. No corresponde a una instalación real identificada.
